La elección del nuevo rector de la Universidad Nacional de Tucumán deja una buena noticia institucional: finalmente, la Universidad pudo elegir a sus autoridades en el ámbito que corresponde, la Asamblea Universitaria, y lo hizo conforme a las reglas establecidas por su Estatuto. Sergio Mohamed y Horacio Madkur fueron elegidos para conducir la UNT hasta 2030, con 146 votos frente a los 11 obtenidos por la fórmula de Miguel Cabrera y Virginia Abdala. Pero hay otra cuestión, quizás menos visible y mucho más importante, que merece ser destacada. También hay grandeza en saber perder. Cabrera y Abdala no fueron simplemente una fórmula opositora. Durante el proceso electoral sostuvieron una posición, presentaron su propuesta y recurrieron a la Justicia para plantear que la candidatura del entonces rector Sergio Pagani no se ajustaba al nuevo Estatuto. La Cámara Federal finalmente hizo lugar a su planteo y determinó que Pagani no podía postularse para un nuevo mandato. Aquello tuvo consecuencias concretas: el proceso electoral debió ser readecuado y la elección finalmente se realizó bajo el nuevo escenario institucional. Pero lo verdaderamente destacable ocurrió después. Conocido el resultado, quienes habían competido y defendido otra posición se acercaron a los ganadores y los saludaron. No es un gesto menor. Es un gesto de enorme significado institucional. Porque se puede pensar diferente, se puede discutir, se puede recurrir a la Justicia, se puede defender una candidatura y presentar otro programa. Pero cuando la institución decide conforme a sus normas, corresponde aceptar su decisión. Ese es, en definitiva, el sentido profundo de la democracia universitaria. Los nombres cambian. Las autoridades pasan. Las mayorías se modifican. Los proyectos triunfan o pierden. La ley, en cambio, debe permanecer. Por eso, quizás una de las mejores imágenes que deja esta elección no sea solamente la del rector y el vicerrector electos, sino la de quienes, después de haber dado una batalla institucional, supieron reconocer el resultado. La Universidad Nacional de Tucumán necesita de sus científicos, de sus docentes, de sus estudiantes y de sus trabajadores. Pero necesita también algo fundamental: respeto por sus instituciones. Y hay una regla que no deberíamos olvidar nunca: la ley no está para servir a quienes gobiernan; quienes gobiernan están para servir a la ley. Cuando eso se comprende, incluso una elección en la que unos ganan y otros pierden puede convertirse en una victoria de todos.
Juan A. González
San Juan 158 - Lules